El Gozo de la
Salvación
1996 Concilio Otoñal - Sermon del Sabado
Por: R S Folkenberg
Abrí la puerta de mi dormitorio en la Universidad Andrews. Acababa de llegar para comenzar otro año escolar, después de pasar el verano trabajando en casa. Mi compañero de cuarto, que también se llamaba Bob, estaba sentado al escritorio. Se dio vuelta y me sonrió... con una sonrisa de oreja a oreja. No me dijo: "¡Hola!" o "¿Cómo te fue en el verano?" Todo lo que dijo fue: "¡Me dijo que sí!" La expresión de su rostro decía el resto. Unos días antes, mientras él y Marilyn practicaban el esquí acuático, él había hecho una maniobra casi imposible. Mientras esquiaban, se las había ingeniado para acercarse a ella y preguntarle: "¿Te casarías conmigo?" ¡Y ella contestó que sí! Antes de que se pusiera el sol ese día, todos los estudiantes en la universidad sabían que Bob se había comprometido y que se iba a casar pronto. Se lo podía leer en la expresión de su rostro.
¡Gozo! ¡Felicidad! ¿Saben ustedes cuántas veces se menciona la palabra "gozo" en la Biblia? ¿5 veces? ¿20 veces? ¿100 veces?
He contado cuántas veces se emplean ciertas palabras claves en los evangelios. "Juicio" aparece 20 veces. "Pecado" se emplea sólo 15 veces. "Tristeza" sólo 5 veces. ¿Y la palabra "gozo"? Encontré que en alguna de sus formas esta palabra se emplea más de 125 veces en la Biblia. ¡Imagínense, más de 125 veces!
¿Por qué es este dato importante? Pues, porque como seguidores de Cristo, ustedes y yo queremos hablar de las cosas que Jesús hablaba. ¿Y de qué hablaba Jesús? ¿Del pecado? ¿Del juicio? ¿De la tristeza? Naturalmente que sí, porque son parte de la realidad del Evangelio. Pero lo que Jesús y los apóstoles enfatizaban en su predicación era el GOZO. Y el énfasis de la vida de Jesús y de nuestra vida debiera ser el mismo.
Me resulta curioso que hoy hay algunos cristianos que se resisten a emplear palabras como santo y feliz en la misma frase.
¿Quién piensan ustedes que nos hace creer todo eso? Un cristiano gozoso es una de las formas que Dios usa para hacerse conocer. El gozo es atractivo. Los cristianos somos los únicos en el mundo que tenemos una razón permanente para estar gozosos, y cuanto más cerca estemos de Jesús, mayor será nuestro gozo. La felicidad y la santidad van juntas.
Escuchen estas declaraciones de la Biblia: "...les llenaré de alegría en mi casa de oración" (Isaías 56:7).
Interesante, ¿no es cierto? ¡Debiéramos estar gozosos en la casa de Dios, en la iglesia! "Se alegrarán todos los que confían en ti; para siempre gritarán de júbilo" (Salmo 5:11). "¿No volverás a darnos vida, de modo que tu pueblo se alegre en ti?" (Salmo 85:6).
El reavivamiento y el regocijo van juntos.
¿Qué actitud del cristiano ejemplifica mejor la vida y el ministerio de Jesús? Por supuesto, nuestro Señor fue un "varón de dolores, experimentado en quebranto." En la vida de cada cristiano hay experiencias dolorosas que quebrantan nuestro corazón por las mismas cosas que quebrantan el corazón de Dios.
Hay, efectivamente, un tiempo para llorar. Cada cristiano conoce la infinita tristeza de ver a los que ama haciendo decisiones destructivas. Pero la amistad con Jesús crea el contexto para una jornada gozosa, aún en medio de las tristezas. En el Sermón del Monte, Jesús enseñó la fórmula del gozo verdadero. "Bienaventurados [o felices] son los que... -- decía él. En ese poderoso sermón es evidente que Jesús desea que su pueblo se caracterice por un gozo radiante.
¿Pero puede una generación destinada al juicio final ser verdaderamente gozosa? Busquen conmigo en la Biblia el Salmo 98:4-9: "¡[4] Cantad alegres a Jehovah, toda la tierra! Prorrumpid, estallad de gozo y cantad salmos. [5] Cantad salmos a Jehovah con la lira; con lira y melodía de himnos. [6] Aclamad con trompetas y sonido de corneta delante del Rey Jehovah. [7] Ruja el mar y su plenitud, el mundo y los que lo habitan. [8] Aplaudan los ríos; regocíjense todos los montes [9] delante de Jehovah, [¿por qué?] porque viene para juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud." (Salmo 98:4-9)
Este salmo anima a toda la tierra, aun a la naturaleza, a que prorrumpa en un estallido de gozo. ¿Y por qué? "¡Porque él viene para juzgar la tierra"!
¿Y por qué el juicio venidero nos impele a estallar de gozo?
Porque el juicio significa el fin de toda injusticia.
Nuestros rostros debieran comunicarles a nuestros amigos, vecinos y compañeros de trabajo: "¡Siento un gozo completo en mi vida por causa de mi amistad personal con el Señor!"
Esa clase de gozo atraerá a la gente -- a hombres y mujeres, a niños y niñas, a jóvenes y adultos, a nuestras abuelos y abuelas, -- a todos, a nuestro Señor.
(ILL) Los vecinos de unos amigos nuestros decidieron proteger su casa de los ladrones. Para ello construyeron una cerca muy fuerte alrededor de su terreno y compraron dos enormes perros guardianes.
Pero los perros han prácticamente destrozado lo que era un hermoso patio, han asustado a los niños que pasaban cerca yendo a la escuela, han llenado el aire con ladridos de falsa alarma, han despertado innecesariamente a todo el mundo en medio de la noche, y hasta han hecho que una familia del vecindario pusiera su casa en venta. Pero no han entrado ladrones.
Los perros guardianes cumplieron con su propósito, pero lo hicieron de tal forma que resultó ser más un desastre que un triunfo. ¿Es posible que a veces tratemos de proteger a la iglesia de una manera similar y negativa?
¿Es posible que hayamos retratado el rostro del Padre en tonos tan sombríos que para muchos haya perdido todo atractivo? ¿Hemos sido tan lentos en reconocer que la característica exterior más destacada del cristiano es el gozo, que ilumina la expresión de nuestro rostro.
Permítanme señalar que no me estoy refiriendo a los comentarios livianos, a las tonterías superficiales. No se trata de contar chistes en la iglesia -- eso sería irreverencia. Me refiero a un profundo e irremplazable gozo que nos hace atractivos, que añade un resplandor especial a nuestro apariencia física.
¿De dónde proviene ese gozo? En la primera parte de Nehemías 8 hay una historia que tal vez ustedes no hayan leído últimamente. Israel acaba de salir de la apostasía. Flota en el ambiente una inconfundible sensación de reavivamiento. Noten la reacción del pueblo en Nehemías 8: 8-12 "[8] Ellos leían en el libro de la ley de Dios, explicando y aclarando el sentido, de modo que entendiesen la lectura. [9] Nehemías, que era el gobernador, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que enseñaban al pueblo decían a todo el pueblo: ¡Este es un día santo para Jehovah vuestro Dios! No os entristezcáis ni lloréis. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. [10] Luego les dijo: Id, comed ricos manjares, bebed bebidas dulces y enviad porciones a los que no tienen nada preparado, porque éste es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehovah es vuestra fortaleza."
Con razón David implora: "¿No volverás a darnos vida, de modo que tu pueblo se alegre en ti?" (Salmo 85:6)
Jesús es la fuente del gozo. Experimentamos gozo verdadero cuando nuestro espíritu es uno con él. Jesús dijo que él vino para que podamos tener vida y para tenerla en abundancia, y la evidencia de que esto es cierto es el gozo que produce en sus seguidores.
Elena White observó: "Honrar a Cristo, asemejarse a él, trabajar por él, es la ambición superior de la vida y su mayor gozo" (Educación, página 288).
Para el cristiano, el gozo comienza en la cruz. Esta es una extraña paradoja, ¿verdad? Que la escena del crimen más odioso de la historia se convirtiera en el lugar de origen del gozo. Pero los cristianos que hemos sido alcanzados por su poder sanador, sabemos que es verdad. ¡Libertad -- en Cristo! ¡Salvación -- en Cristo!
(ILL) Cuando el Perú finalmente obtuvo su independencia de España, el General Bolívar citó a una convención para redactar la constitución de la nueva nación. Después de la convención, una delegación sugirió que él fuera el primer presidente del Perú. Bolívar declinó el nombramiento diciendo que había otros que merecían ese honor. Sin embargo, el pueblo agradecido quería hacer algo especial por el general para mostrarle su aprecio, así que le ofrecieron 1.000.000 de pesos, una verdadera fortuna en aquella época. Bolívar aceptó el obsequio y preguntó cuántos esclavos había en el Perú. Se le dijo que había unos 3.000.
¿Y a cuánto se vende un esclavo? -- quiso saber el general.
Por unos 350 pesos cada uno --fue la respuesta.
Entonces -- dijo Bolívar -- yo añadiré lo que sea necesario al millón de pesos que ustedes me acaban de obsequiar. Compraré a todos los esclavos del Perú y les daré libertad.
¡Libertad! La razón por la cual la cruz nos trae gozo es porque no estamos ya más condenados a la esclavitud. En nuestros momentos de sinceridad reconocemos cuán esencial es la cruz para nosotros.
El único rasgo que todos tenemos en común es el de la culpabilidad. Y la culpabilidad pesa mucho. No nos permite dormir durante la noche. Grita a la luz del día nuestra condenación por acciones y motivos que no podemos negar. Y vuelve a mostrarnos vez tras vez antiguas y dolorosas películas en la pantalla de nuestra mente.
Pero la cruz cambia todo eso. En la cruz Dios coloca un sello que dice: ¡Perdonado!¡Perdonada! sobre el sórdido registro de nuestra vida. Mediante un acto judicial que nosotros jamás comprenderemos en su totalidad, él hace posible que nos pongamos de pie delante del universo ¡como si nunca hubiéramos pecado! Llamamos a esto gracia, la maravillosa gracia de Dios.
"Fue primero en la cruz
donde yo vi la luz,
y mi carga de pecado dejé;
fue allí por fe do vi a Jesús, rolled away
y siempre con él feliz seré."
Gracia, ¡maravillosa gracia! Debido a la gracia de Dios, podemos ser felices -- podemos estar gozosos -- ¡todos los días de nuestra vida!
Pero el pasado no es todo lo que me preocupa. El ser perdonado y no tener poder para no pecar más sería una burla. El ocuparse de lo que ha pasado, pero no hacer provisión para el presente daría lugar a un gran desánimo. Nuestra victoria sobre el pecado es también un inmerecido don de gracia.
Al considerar la realidad de nuestros pecados perdonados, también clamamos: "¡Señor, cambia mi naturaleza!" Y él lo hace.
Oigan una de las más animadoras declaraciones que ha hecho la mensajera del Señor. Se encuentra en El Deseado de todas las gentes, página 621: "Si nosotros consentimos, se identificará de tal manera con nuestros pensamientos y fines, amoldará de tal manera nuestro corazón y mente en conformidad con su voluntad, que cuando le obedezcamos estaremos tan sólo ejecutando nuestros propios impulsos... Cuando conozcamos a Dios como es nuestro privilegio conocerle, nuestra vida será de continua obediencia. [Ahora, escuchen esta promesa...] Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comunión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso."
¿Se dan cuenta? Dios no nos pide que simplemente apretemos los dientes y reforcemos nuestra voluntad. El dice:
Y luego él nos describe el proceso por el cual pasa esto -- ¿lo han oído? "Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comunión con Dios..."
No es suficiente que se diagnostique el problema de nuestro corazón y que se lleve a cabo la cirugía. También es imperativo que se nos dé un programa de rehabilitación por el cual nos fortalezcamos.
Por eso es que...
Es posible que alguno de ustedes necesite pedirle a Dios hoy la gracia que puede realizar la transformación interior de que les he hablado.
Tal vez algunos de ustedes ha ido al Calvario y han experimentado el gozo que acompaña a un perdón incondicional, pero no se han mantenido junto a Cristo como para permitirle que realizara la rehabilitación que él desea que levar a cabo.
Hoy los quiero invitar a que miremos a Cristo. Como dice el himno:
"Fija tus ojos en Cristo,
tan lleno de gracia y amor,
y lo terrenal sin valor será
a la luz del glorioso Señor".
No hay mejor momento ni mejor lugar que éste para hacer esa decisión -- aquí y ahora.
(ILL) Hace algunos años, una popular cantante de los Estados Unidos (Peggy Lee) se puso a reflexionar sobre su vida. Contó todo el dinero que había ganado, sacó cuentas de la fama que había adquirido y de la popularidad que había logrado alcanzar, y luego compuso una canción titulada: "Is That All There Is?" (¿Es eso todo lo que me ofrece la vida?) Esa canción comunicaba con elocuencia el anhelo profundo del corazón humano por algo superior a lo que ofrece este mundo.
Si no tenemos a Cristo es natural que nos preguntemos, "¿Es esto todo lo que me ofrece la vida?" Nosotros sabemos que debe haber más. Y así es. El Nuevo Testamento lo llama restauración. (Hechos 3:20, 21).
Cuando el gran conflicto entre el bien y el mal haya cumplido su ciclo, Dios intervendrá para restaurar todo el daño causado por el pecado. Ni el pincel del artista más talentoso, ni la pluma del poeta más inspirado, podrán captar en su totalidad el éxtasis de ese momento.
El pueblo de Dios ha estado soñando con ese día durante milenios. Esa esperanza ha encendido la valentía de millones y ha sido el tema de los profetas desde la aurora de los tiempos. Por un lado el Calvario y por otro la Restauración han sido los puntos dominantes en la agenda de las cortes del cielo.
De esa manera Dios nos muestra que es...
Nosotros lo llamamos gracia --¡maravillosa gracia de Dios!
De la misma manera Jesús, cuando todavía éramos pecadores (Rom 5:8), enemigos de su reino, nos arrebató de la sombra de la muerte eterna... y promete llevarnos para siempre a su hogar, no solamente como amigos, sino como hijos e hijas, herederos de su reino (Romanos 8:17).
Es posible que yo no haya dicho nada hoy que ustedes no lo supieran antes. Y ese es precisamente el punto que quiero destacar. La mayoría de nosotros no necesitamos ser informados; lo que necesitamos es experimentar de nuevo el gozo de la redención.
La mayoría de nosotros hemos sido cristianos por muchos años. Esto es peligroso, porque podemos estar tan familiarizados con el mensaje de la cruz que éste pierda su atractivo. Sencillamente nos olvidamos de su conmovedor significado. Cada día debemos experimentar su poder maravilloso -- como si fuera la primera vez.
Anteriormente vimos la alegría del padre de María. Vimos lo qué sucedió cuando él experimentó el milagro de perdón. Su hija María, perdonada, transformada, y regocijando en su salvación en Cristo, lava los pies de su Salvador con sus lagrimas y los seca con su cabello. Como me lo explico el Dr Philip Samaan, en el medio oriente la cabeza es la parte mas elevada y noble del ser humano y los pies la parte mas inferior. María demostraba que consideraba lo mas inferior de Jesús, sus pies, eran mayor que lo mejor que ella tenia, que era su cabeza.
Pero ahora, ella está parada frente a una tumba vacía. Perdonado y purificada, goza de una vida nueva -- pero su Salvador se ha ido. El quien ella ama esta muerto. Aun Su cuerpo ha desaparecido. Con ojos lleno de lagrimas y corazón quebrantado, lleno de agonía, ella se acerca al quien piensa es el jardinero en busca del cuerpo de Jesús.
Entonces oye una voz diciendo, "María." Reconoce la voz del quien ella ama. Cae a Sus pies en adoración. Allí esta Cristo delante de ella. Su corazón añora creer lo que su mente rehúsa aceptar. Que maravilla. Su alma rebosa de alegría. El vive!
Cuando El dice id,...ella corre. Tiene algo para compartir. No puede contenerse. No puede ser detenida. Corriendo, ella llega al cuarto donde, con ambiente de velorio, estaban reunidos los discípulos. Su gozo destroza las tinieblas de la angustia.
"El vive!" Su voz resuena de una increíble alegría. Nuevamente ha experimentado la presencia de su Señor. Ha visto a Jesús. Esta perdonada. Ha sido sanada. El Quien resucitó a su hermano Lázaro ha salido El mismo de la tumba. Su gozo es renovada. Tiene una historia que contar. Cada día lo experimenta de nuevo. La es sencilla, "Jesús vive hoy!"
¿Qué en cuanto a nosotros? Somos pecadores y perdidos como lo fue María. ¿Hemos experimentado el perdón y el gozo que ella experimentó? Quizás, nosotros también necesitamos orar:
"Señor, haz que experimente otra vez hoy la emoción poderosa de tu perdón. Restaura en mi corazón la alegría que sentí cuando te conocí por vez primera. Dame el gozo radiante de saber con certeza que mis pecados han sido perdonados, que puedo vivir una vida de victoria, centrada en Cristo, anticipando su inminente rescate. Querido Señor, haz que esta experiencia sea tan real que ilumine mi rostro, irradie desde mi corazón, se refleje en mis palabras, y que resulte irresistiblemente atractiva para todos aquellos con quienes me encuentre."
Para Cristianos--para aquellos dependiente de la gracia de nuestro Señor, el gozo verdadero es contagioso. Comencemos una epidemia. Permitamos que nuestras vidas resplandezcan con el gozo de nuestro Dios amante. Experimente el gozo de la salvación y entonces compartalo!
Copyright © 1996 por R S Folkenberg